Revista LYVEDespués del tratamiento
Efecto rebote de Ozempic, Wegovy y Mounjaro: qué dicen los ensayos
Los ensayos que siguieron a los pacientes después de la última inyección cuentan todos la misma historia, con matices que los titulares olvidan. Un repaso a los datos, a lo que los explica y a lo que depende del plato y del movimiento.
Un año después de su última inyección, los participantes del ensayo STEP 1 habían recuperado dos tercios del peso perdido con semaglutida. El resultado, publicado en 2022, instaló una inquietud que hoy se lee en las búsquedas de los españoles: «efecto rebote Ozempic», «Mounjaro efecto rebote», «cómo dejar Mounjaro sin efecto rebote».
La pregunta es legítima y la respuesta no cabe en una frase. Sí, en los ensayos lo normal es recuperar peso. No, la recuperación no es total ni igual para todos, y su tamaño depende de con qué se compare. Este artículo describe lo que han medido los estudios. No le dice a nadie si debe dejar, seguir o ajustar un tratamiento: esa decisión se toma con el médico que lo prescribe.
Lo que observaron los ensayos de retirada
Tres ensayos sirven de referencia, y los tres muestran una recuperación de peso clara en el año que sigue a la retirada. Una precisión antes de empezar: aunque en la calle se hable de Ozempic, los estudios sobre el peso se hicieron con la dosis de 2,4 mg de semaglutida, la de Wegovy. Ozempic lleva la misma molécula, en dosis menores, y está indicado en la diabetes tipo 2.
El primero es la extensión de STEP 1, publicada en Diabetes, Obesity and Metabolism en 2022. Tras 68 semanas de Wegovy (semaglutida) de 2,4 mg, se interrumpieron el tratamiento y el acompañamiento, y 327 participantes siguieron en observación un año más. Habían perdido de media el 17,3 % de su peso. Un año después habían recuperado 11,6 puntos. Les quedaba una pérdida neta del 5,6 % respecto al punto de partida.
El segundo, STEP 4, se planteó de otra forma. Todos los participantes recibieron primero semaglutida durante 20 semanas, y después un sorteo decidió quién continuaba y quién pasaba a placebo, sin que nadie supiera en qué grupo estaba. En las 48 semanas siguientes, el peso bajó otro 7,9 % en quienes seguían y subió un 6,9 % en los demás.
El tercero trata de Mounjaro (tirzepatida). En SURMOUNT-4, 670 adultos que habían perdido el 20,9 % de su peso en 36 semanas se repartieron entre continuar el tratamiento y un placebo. Un año después, el grupo placebo había recuperado un 14 % de peso, mientras que el grupo tratado había perdido otro 5,5 %.
| Ensayo | Molécula | Antes de la retirada | Después de la retirada |
|---|---|---|---|
| STEP 1, extensión | Semaglutida 2,4 mg | 17,3 % de pérdida en 68 semanas | 11,6 puntos recuperados en un año, pérdida neta del 5,6 % |
| STEP 4 | Semaglutida 2,4 mg | 10,6 % de pérdida en 20 semanas | + 6,9 % en 48 semanas con placebo |
| SURMOUNT-4 | Tirzepatida 10 o 15 mg | 20,9 % de pérdida en 36 semanas | + 14 % en 52 semanas con placebo |
Un detalle tiene su importancia. En STEP 4 y en SURMOUNT-4, los consejos sobre alimentación y actividad física continuaron en los dos grupos. El peso volvió, por tanto, a pesar de ese acompañamiento.
Una media, no un destino
Esas cifras son medias, y no describen el recorrido de ningún paciente concreto. En SURMOUNT-4, el 16,6 % de los participantes que pasaron a placebo conservaba al menos el 80 % de su pérdida de peso un año después. Es poco frente al 89,5 % del grupo que siguió con el tratamiento. No es nada despreciable.
Los mismos ensayos muestran también que no todo se borra en el plazo estudiado. Al terminar SURMOUNT-4, el grupo placebo pesaba todavía un 9,9 % menos que al principio del ensayo. En la extensión de STEP 1, la pérdida neta seguía siendo del 5,6 % en la semana 120, más de dos años después de la primera inyección.
¿Y luego? Un equipo de la Universidad de Oxford intentó proyectarlo reuniendo 37 estudios y 9.341 participantes, con todas las moléculas, en un metaanálisis publicado por el BMJ en enero de 2026. Tras dejar un medicamento para la obesidad, el peso sube de media 0,4 kg al mes. Con la semaglutida y la tirzepatida, que hacen perder más, el ritmo estimado llega a 0,8 kg al mes, es decir, 9,9 kg el primer año, y el modelo sitúa la vuelta al peso inicial alrededor de un año y medio después de la retirada.
Esta última estimación pide una reserva que formulan los propios autores. Para esas dos moléculas, ningún seguimiento pasaba de 52 semanas: más allá, la curva es una extrapolación. El mismo trabajo observa que el peso vuelve más deprisa tras un medicamento que tras un programa de apoyo conductual, donde el regreso al peso inicial se proyecta a 3,9 años, frente a 1,7 años para el conjunto de los fármacos.
Por qué vuelve el peso
El peso vuelve porque el medicamento deja de actuar y el organismo no ha cambiado de ajuste.
El primer mecanismo es sencillo. Estas moléculas imitan a una hormona de la saciedad mientras circulan por la sangre. Según su ficha técnica, la semaglutida sigue presente en el organismo unas siete semanas después de la última dosis de 2,4 mg. Pasado ese plazo, la señal añadida se apaga. El apetito que muchos pacientes describen como «vuelto de golpe» ya no encuentra nada que lo modere.
El segundo es más antiguo que estos tratamientos. El cuerpo defiende su peso. En 2011, un equipo australiano midió las hormonas del apetito en 50 personas antes de una dieta, justo después y un año más tarde. Doce meses tras adelgazar, la leptina y el péptido YY, que frenan el hambre, seguían bajos; la grelina, que la estimula, seguía alta, y con ella la sensación de hambre. El estudio se publicó en el New England Journal of Medicine.
Otros investigadores le han puesto cifra a ese empuje. A partir de un ensayo en el que los pacientes adelgazaban sin saberlo, calcularon que el apetito aumenta unas 100 kcal al día por cada kilo perdido, un efecto más de tres veces superior a la caída del gasto energético (Obesity, 2016). Mientras dura el tratamiento, tapa esa presión. Cuando se retira, vuelve a expresarse.
Por eso el término «efecto rebote», heredado de las dietas milagro, se queda corto. La guía GIRO, coordinada por la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), describe la obesidad como una enfermedad crónica y recidivante que necesita seguimiento a largo plazo. Nada de esto tiene que ver con la falta de voluntad.
El corazón y la glucosa siguen la misma pendiente
Los beneficios medidos en la tensión, la glucosa o los lípidos retroceden cuando se recupera el peso. En la extensión de STEP 1, la mayoría de las mejoras conseguidas en 68 semanas había vuelto hacia su nivel inicial un año después de la retirada. El metaanálisis del BMJ proyecta un regreso al valor de partida en menos de año y medio para todos los marcadores estudiados.
Es uno de los elementos que los médicos sopesan cuando hablan de la duración de un tratamiento. Con tratamiento continuado, la pérdida de peso se mantiene: en el ensayo STEP 5 era del 15,2 % tras dos años de semaglutida (Nature Medicine, 2022).
Lo que depende del plato y del movimiento
Ningún hábito de vida ha demostrado anular la recuperación de peso. Algunos la atenúan, y los datos más sólidos son los de la actividad física.
Un equipo de Copenhague comparó cuatro estrategias de mantenimiento durante un año tras una dieta: un programa de ejercicio supervisado, Saxenda (liraglutida), las dos cosas juntas o un placebo. Después se interrumpió todo y se volvió a ver a los participantes un año más tarde. En ese año sin tratamiento, quienes solo habían recibido liraglutida recuperaron 6 kg más que quienes habían seguido el programa de ejercicio. Al cabo de los dos años, la diferencia era de 5,1 kg a favor del grupo que había combinado ambas cosas, respecto a la liraglutida sola (eClinicalMedicine, 2024).
El ensayo es modesto, 109 personas revisadas, y trata de una molécula anterior a la semaglutida. Aun así, su mensaje merece guardarse: una actividad asentada durante el tratamiento parece seguir protegiendo después.
En el plato, la referencia sigue siendo el estudio europeo Diogenes, publicado en el New England Journal of Medicine en 2010. En 773 adultos que acababan de adelgazar, una alimentación algo más rica en proteínas y con un índice glucémico algo más bajo limitó la recuperación durante 26 semanas, alrededor de un kilo respecto a las dietas opuestas. El efecto es real y modesto, y no se ha probado después de un medicamento.
Queda la cuestión del músculo. En un subestudio de SURMOUNT-1, cerca de una cuarta parte del peso perdido con tirzepatida era masa magra (Diabetes, Obesity and Metabolism, 2025), una proporción parecida a la del grupo placebo. Las proteínas contribuyen a conservar la masa muscular, y el trabajo de fuerza la mantiene en uso. Le dedicamos un artículo, Ozempic y pérdida de masa muscular, y las pautas de mesa que conviene llevarse aprendidas están en la guía de dieta con GLP-1.
Dejarlo, seguir, espaciar: una decisión médica
La decisión es del paciente y de su médico, y los prospectos lo dicen sin rodeos. El de Wegovy pide no dejar de usar el medicamento sin haberlo consultado antes. El de Mounjaro añade que, en caso de diabetes tipo 2, la glucosa puede subir al interrumpirlo.
Un tratamiento se deja por razones muy distintas: efectos adversos, un embarazo planeado, el coste, el objetivo cumplido, el cansancio. En España pesa mucho la tercera, porque quien usa estos fármacos para adelgazar suele pagarlos de su bolsillo. Ninguna se discute igual que las otras. En cuanto a la forma, muchos pacientes preguntan si es mejor bajar la dosis por escalones. No hemos encontrado ningún ensayo aleatorizado que resuelva esa duda, y el metaanálisis del BMJ no permite contestarla. Le toca valorarlo al prescriptor, caso por caso.
Lo que sí puedes hacer es llegar a la consulta con tus preguntas. ¿Qué seguimiento del peso y de las analíticas habrá en los meses siguientes? ¿Qué apoyo dietético y qué actividad física conviene poner en marcha antes, y no después? ¿A partir de cuántos kilos recuperados hay que volver? Preparar la retirada con tiempo cambia más cosas que improvisarla, y estabilizarse ya es un logro. Un plan de comidas sencillo, como nuestro menú semanal, puede servir de punto de partida para esa conversación.
Preguntas frecuentes
¿Siempre hay efecto rebote al dejar Ozempic, Wegovy o Mounjaro?
En los ensayos, la gran mayoría de los participantes recupera peso, pero no todos ni en la misma proporción. En SURMOUNT-4, el 16,6 % de quienes pasaron a placebo conservaba al menos el 80 % de su pérdida de peso un año después.
¿Cuántos kilos se recuperan de media?
Un metaanálisis publicado por el BMJ en 2026 calcula 0,8 kg al mes tras semaglutida o tirzepatida, cerca de 10 kg el primer año. En la extensión de STEP 1, los participantes habían recuperado dos tercios del peso perdido un año después de la retirada.
¿En cuánto tiempo vuelve el peso?
La recuperación empieza en las semanas siguientes a la retirada y continúa al menos un año. La vuelta al peso inicial se proyecta hacia el año y medio para la semaglutida y la tirzepatida, pero es una extrapolación más allá de las 52 semanas de seguimiento.
¿Hay que tomar el tratamiento de por vida?
Los ensayos muestran que la pérdida de peso se mantiene mientras continúa el tratamiento y retrocede al dejarlo. La duración se decide con el médico, según la salud, la tolerancia y los planes de cada persona.
¿Hay síntomas de abstinencia al dejarlo?
Los prospectos de Wegovy y de Mounjaro no describen un síndrome de abstinencia. Lo que notan los pacientes es la vuelta del apetito de antes. En las personas con diabetes, la glucosa puede subir, y por eso hace falta seguimiento médico.
¿El ejercicio limita la recuperación de peso?
Es la palanca mejor documentada. En un ensayo danés, las personas que habían seguido un programa de ejercicio supervisado recuperaron bastante menos peso, un año después de la retirada, que las que solo habían recibido el medicamento.
¿Se puede retomar el tratamiento después de haberlo dejado?
Es una posibilidad que solo el médico puede valorar, teniendo en cuenta por qué se dejó y la situación del momento. Nunca se retoma por cuenta propia ni con un medicamento conseguido fuera de la farmacia.
Este artículo informa, no sustituye el consejo de un profesional sanitario. No modifiques nunca un tratamiento sin hablarlo antes con tu médico.
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